Un fotógrafo durante la Santa Misa

¿QUÉ NORMAS DEBE RESPETAR UN FOTÓGRAFO DURANTE LA SANTA MISA?

El liturgista Finotti: no debe subir los escalones del altar, ni permanecer junto al sagrario

Un lector de Aleteia pregunta: ¿cómo hay que comportarse en la iglesia cuando se deben hacer fotografías o grabaciones en video durante una liturgia? ¿Hay normas particulares que respetar?
 
Habría que tener presentes tres aspectos, explica Enrico Finotti, liturgista y coordinador de la revista italiana Liturgia “Culmen et Fons”.
 
1 – El sentido de lo sagrado
 
Sea creyente, o no creyente, o no practicante, para realizar de forma correcta el servicio fotográfico (o video) en una celebración litúrgica, debe tener el sentido de lo sagrado, explica el liturgista. El que es creyente, si lo es de verdad, debe tener un mínimo de conciencia de que en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia está la presencia del Señor que lleva a cabo de manera sacramental su acción santificadora.
 
El creyente, prosigue Finotti, “debería percibir inmediatamente que estar y moverse dentro de la iglesia – sobre todo cuando se desarrollan las celebraciones, pero también la iglesia vacía en cuanto que está consagrada a Dios y está presente en ella sacramentalmente por la Eucaristía conservada en el sagrario – no es lo mismo que estar y moverse por la plaza o los demás lugares de la vida cotidiana. El creyente, si está educado adecuadamente, sentirá el impulso al silencio y a la veneración, y cada uno de sus gestos será inspirado por estos sentimientos”.
 
Pero también el no creyente, “si tiene sentido de la educación y el respeto por los demás, comprenderá con facilidad que es oportuno tener una delicada atención en los lugares de culto, allí donde otros semejantes suyos se encuentran con lo sobrenatural y ejercen su deber hacia Dios según los dictados de su religión”.
 
Este sentido de lo sagrado, por tanto, “si bien es específico para el cristiano, debe estar presente en todo hombre de buena voluntad inspirado por los principios del respeto de las convicciones religiosas de cada uno”.
 
2 – El conocimiento de los ritos
 
El fotógrafo o reportero, si verdaderamente quiere hacer un servicio profesional, no puede contentarse de su preparación técnica, “debe saber identificar la estructura general, los momentos sobresalientes y los pasos importante del evento que quiere fotografiar o filmar”.
 
No es raro que en el álbum fotográfico de sacramentos o fiestas en general se percibe una “desconcertante marginalidad de las cosas más importantes y la ausencia de los momentos centrales y más significativos del evento celebrado. Además el conocimiento de la celebración ritual proporciona las mejores indicaciones para no turbar indebidamente secuencias y fuertemente marcadas por la oración contemplativa, y por tanto no susceptibles de distracciones molestas”.
 
3 – Reglas prácticas
 
Establecidos los principios, se pueden establecer unas normas básicas de intervención:
 
– Los lugares celebrativos: altar, sagrario, ambón y sede con toda la zona del presbiterio, que los rodea y protege, no deberían ser nunca lugar para los operadores mediáticos (fotógrafos y cámaras TV). No deberían subir los escalones del altar ni acercarse con facilidad a la mesa, ni permanecer cerca del sagrario, ni acceder al ambón ni a la sede presidencial. La balaustrada (si la hay) debería ser el límite que impida el acceso superficial a estos lugares.
 
– Las partes más sagradas del rito: la Plegaria eucarística (Canon) con la Consagración-Elevación; la distribución de la Comunión; la proclamación del Evangelio y de las lecturas deberían poder hacerse con el máximo de la sacralidad y en un clima de oración y de escucha atenta de Dios, que primero habla a su pueblo y después se inmola por él y se le da en alimento de vida eterna. Es evidente que la capacidad y la pericia de un fotógrafo se manifiestan precisamente en estos momentos singulares por hacer las fotos sin que se le perciba.
 
– Un servicio lateral y escondido: es más fácil colocar una cámara de video en lugares fijos, más difícil el servicio fotográfico, tanto por el fogonazo de los flashes como por su desplazamiento en puntos diversos.
 
Como un mistagogo
 
“Es bueno recordar – concluye Finotti – que este servicio puede ser una ocasión formidable para dar un testimonio de fe a los propios clientes. De hecho, un fotógrafo con una fe auténtica puede convertirse en un catequista singular. Es más, su trabajo le pone en situación propicia para llevar a cabo un eficaz apostolado litúrgico: casi como un mistagogo, puede llevar a sus clientes – con su comportamiento, sus decisiones y sus consejos, dados con cortesía y competencia – al sentido de una celebración litúrgica auténtica y participada”.

Source: Aleteia.org

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