¿Por qué tanta insistencia en querer eliminar la religión en Occidente?

¿Quién manda más en las escuelas: los padres, los profesores, el Estado o los medios de comunicación?

El debate que se ha abierto sobre la laicidad en Europa y también en América Latina nos acerca a una idea cada vez más difusa de que la sociedad “debe ser laica”, el Estado y las instituciones públicas deben ser laicos. ¿Qué significado tiene eso?

En muchos países, incluso de tradición cristiana, se oponen a la enseñanza de la religión en la escuela pública, porque son “vestigios del pasado”. ¿Y si los padres han decidido que sus hijos reciban estudios de religión? ¿Quién manda más en las escuelas: los padres, los profesores, el Estado o los medios de comunicación? El Gobierno tiene la obligación de que se cumplan las leyes.

Los defensores del laicismo quieren la ausencia de la religión y de Dios en la sociedad. “La fe -dicen- debe ser una creencia íntima y personal”, los “hijos de la razón” quieren una fe en la intimidad, que no salga de casa, que no salga a la calle y, sobre todo, que no contagie a los demás.

Si Dios no puede salir a la calle ¿quién puede estar en la calle? Los sin Dios y los anti Dios (o sea el laicismo que se dice “tolerante”) piden tolerancia ¿para quién? Para los que piensen como ellos, es decir los sin Dios. Quieren imponer el laicismo como única “religión”, lo  cual es totalitarismo bajo una capa formal de democracia…

O sea, se quiere evitar un fundamentalismo religioso imponen otro fundamentalismo: la sociedad sin Dios. Es como decir: “tú eres libre de pensar, de tener fe en un Dios, ¡no faltaba más!, pero no lo digas públicamente porque no es bueno”.

¿Dónde está la libertad? La religión o es pública o no hay religión. La libertad de expresión incluye la libertad religiosa y de expresarse de acuerdo con la religión de cada uno. La libertad de expresión no se puede cuartear.

En la sociedad laicista no se corta la cabeza a ningún creyente. Produciría hasta asco. Pero a los creyentes se les tapa la boca, se les ahoga no dejándoles espacio público, ni en las escuelas, ni en las manifestaciones (¡hasta quieren quitar las procesiones de Semana Santa en Sevilla!), ni en los medios de comunicación, ni en los espectáculos… ¿En nombre de qué derecho o libertad de expresión y de manifestación se hace esto? 

Ahora que se acerca la Semana Santa hay que decir que el derecho de manifestación asiste a todos los ciudadanos en un país democrático el mundo. ¿Sólo se aceptan manifestaciones a favor del aborto o de “Charlie Hebdo”? ¿Y las que van a favor de la vida? A estas se las silencia.

En muchas redacciones de medios de comunicación, especialmente de televisiones controladas por los poderes públicos, sólo se informa cuando hay manifestaciones a favor del aborto, por ejemplo, y no se informa de las que se organizan en contra. ¿En base a qué código ético? 

El laicismo quiere destruir dogmas (la religión cristiana tiene muy pocos) e impone otros: la religión hay que guardarla fuera del espacio público. 

El laicismo procede de la Ilustración, del racionalismo, para acabar en el relativismo. Estas corrientes de pensamiento se convierten en una dictadura cuando sólo a los laicistas se les permite dirigir lo público porque han eliminado a Dios. “Vamos a hablar como si Dios no existiera”, decían los ilustrados del Siglo de las Luces. Y siguen diciéndolo hoy. 

El hombre acabó en la esclavitud que brotó de la Revolución Francesa, que engendró el liberalismo doctrinario del siglo XIX.

Después, para ir contra estas doctrinas que esclavizaban al hombre, sacrificaron la libertad sin control por la  igualdad entre los hombres o la superioridad de la raza, es decir llegaron los totalitarismos tanto nacionalistas –el nazismo y el fascismo–como comunistas.

Y al final todo desembocó en enormes tragedias de muertes, persecuciones, holocaustos, estados-policía y crueles guerras que ensangrentaron el mundo. El espectáculo de la Europa de los siglos XIX y XX es el de un hombre errante que busca su lugar en el universo y no lo encuentra. 

Desde la Revolución Francesa se ha querido crear “otro modelo de hombre”, un hombre nuevo distinto al de la visión clásica.

Y así el hombre se ha hecho esclavo de sistemas políticos, de razas, de castas y de sistemas económicos. Europa es un ejemplo de tubos de ensayo antropológicos sin que se haya conseguido ningún “hombre nuevo”. Y llevamos así más de 250 años.
Al apoyarse solamente en la razón, el hombre terminó en el caos. Ahora hay un nuevo intento de forjar un hombre nuevo mediante una libertad sin freno, y sin ningún respeto por la libertad de los demás al rechazar todo vestigio religioso.

También rechazan toda verdad. Dicen que la verdad es subjetiva, la verdad del “yo”, la verdad del individualismo pagano y excluyente.

 El cristianismo por su misma esencia necesita del aire fresco, está hecho para salir a la calle y evangelizar: “Id y predicad a todas las gentes, a todo el mundo, el mensaje gozoso” dice Jesús a sus discípulos una vez resucitado (Mc, 16, 14).

Y en otro momento, cuando los fariseos le piden a Jesús que sus discípulos dejen de ensalzarle públicamente camino de Jerusalén, dijo: “Si callan estos gritarán las piedras” (Luc, 19, 40).

Y el actual Papa Francisco insiste a los cristianos en que hay que ir a las periferias, a evangelizar, a predicar el Evangelio de Cristo, rechazando una visión burocrática y cerril de la fe. Y por eso ha convocado el Año Santo de la Misericordia. “¡Ay de mí si no evangelizara!” dice San Pablo (1 Cor 9, 16).

Entonces los cristianos como ciudadanos normales igual que los demás, y en pie de igualdad de derechos, han de ser libres y manifestar públicamente lo que piensan, siempre, claro está, pacíficamente y respetando al pensamiento de los demás. 

Source: Salvador Aragonés / Aleteia.org

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